Carlos Carranza sj, 86 años y con el entusiasmo a flor de piel

Carlos Carranza sj,
86 años y con el entusiasmo a flor de piel



La vida de jesuita:

1. ¿Es posible comenzar preguntándole acerca de algunos datos esenciales de su biografía? ¿Qué referencias mínimas darían cuenta de quién es ud?

De familia cristiana –nada extraordinario- clase media ámbito de reunión, cariño, abuelos y padres modelos, unos de responsabilidad, otros de sentido religioso, otros de humanidad y trabajo.
Cursando el 5º grado en el colegio salesiano y al cumplir los 13 años acepto vivir en el Seminario (1931) de Córdoba … donde se prolonga con naturalidad la vida de  mi colegio sin que el “sacerdocio” constituyera una consciente opción que le diera sentido al plan de existencia que me ofrecía el Seminario. Hasta que a los 19 años entro en crisis y llegó el cambio con la esperanza de que el mismo que me llamó (1944) me hiciera saber qué hacer con mi persona y entonces me entregué sin “conocer” la Compañía de Jesús. ¡Tal cual!
El Seminario y la familia requirieron razones del cambio… pero no quedaron satisfechos y yo con el tiempo, fui entendiendo lo que me ofrecía la Compañía de Jesús. NB. No tengo ningún reproche que hacer a los Superiores y compañeros del Seminario que me recibieron con mucho afecto y me iniciaron en la vida clerical.
2.  ¿Por qué jesuita? ¿Qué es ser jesuita para ud? ¿Cómo experimentó su vida en formación dentro de la Compañía? ¿Qué experiencias lo marcaron profundamente en sus primeros años de jesuita?
 No tuve que hacer discernimiento entre la Compañía y otras  instituciones religiosas, el llamado fue a la Compañía ¡sin discusión!
Desde el punto de vista de la Institución ha que leer, vivenciar, encarnar las Constituciones y desde el punto de vista de la espiritualidad hay que profundizar y asimilar la “experiencia mística” de San Ignacio.
Toda la formación ha sido mi esfuerzo acompañado para entender las Constituciones y conocer la persona del Ignacio y su carisma. En ese esfuerzo me han ayudado el aporte de las congregaciones generales y el luminoso ejemplo de jesuitas santos y sabios que tuve el privilegio de conocer. El espíritu Santo (de quien soy fiel devoto) se hizo presente en este itinerario, como al comienzo.
Fundamental cambio en la experiencia del mes de EE que concluyó justamente el día de Pentecostés con un gran gozo intenso que hizo época en mi vida. El año 1949 estando en Filosofía se repitió parcialmente este gozo cuando en momentos de desolación  abro el Salmo 17 (“Yo te amo Señor”) que hasta hoy es mi preferido.
3. ¿Qué sueños se han visto realizados en tantos años de Compañía? ¿Qué misiones tuvo en la Compañía y qué significaron para su vida? ¿Qué campos apostólicos?
Los votos primeros fue un punto de partida para entender por qué dejé el Seminario. El deseo profundo o sueño de mi vida (consulto mis apuntes) ha sido el conocimiento y el amor al Verbo Encarnado y consecuentemente el conocimiento de la Iglesia… y todo lo demás queda definitivo a mi permanencia en la Compañía de Jesús.
El ejercicio de la misión apostólica comienza en Don Alonso (hoy San Alonso) siendo teólogo primer encuentro directo con el pueblo de Dios y los pobres. Esta pastoral con los pobres ha ocupado un lugar prolongado en mi vida sacerdotal: en don Alonso cinco años, ocho años en Santa Fe y treinta y cinco en Barrio Pueyrredón en Córdoba hasta que el Señor me llame a su Barrio.
La experiencia de tres “misiones urbanas”, Chaco, Córdoba (1959) durante la tercera aprobación fueron determinantes para una preparación intelectual, afectiva y práctica del ejercicio de la misión pastoral: “Cómo evangelizar”
Esas misiones y la de Buenos Aires (1960) significaron el descubrimiento de lo que esperaba de mí el pueblo de Dios y especialmente los jóvenes a quienes me he dedicado el más extenso tiempo de mi vida sacerdotal… Esta dedicación comenzó con mi magisterio en el juniorado de Córdoba allá por los años (1951-1953) (¡saquen la cuenta!)
A los jóvenes debo mi permanente buen humor y optimismo, mi sim-patía a saber: alegrarme, sufrir, caminar, cantar, jugar, rezar con ellos, animarlos, educarlos, enseñarles, hablarles del Verbo Encarnado… (El Catálogo dice “año 51” de magisterio. ¿Habrán hecho bien las cuentas?)
La Compañía de Jesús puso a prueba mi capacidad para el gobierno (nada extraordinaria); en Santa Fe coordinador de la pastoral del Colegio de la Inmaculada (1961-1969); rector del Colegio Sagrada Familia en Córdoba (1970-74) y superior de la Comunidad donde no demostré mucha sabiduría. Nuevamente superior de la Sagrada Familia (1995-2001).
Bienio en Bélgica donde descubrí la universalidad de la Compañía. La integración de la UCC ha sido y es el mejor período de mi vida en la Compañía (desde 1976).
4. ¿Cómo vivió los tiempos de crisis personales, de la Iglesia, del mundo? ¿Cuáles fueron sus momentos más decisivos? ¿Qué lo ayudó a vivirlos?
La crisis de las instituciones se intensifica en la década del 60… el Concilio Vaticano II, el CELAM en Medellín… fueron el aporte de la Iglesia a los signos problemáticos de Latinoamérica en el orden espiritual, social, económico y político y declaró que la Iglesia de Jesucristo debe ser el “sacramento de Salvación” para el mundo que le toca vivir y evangelizar; hay que comprender y estar en ese mundo… por esa puerta abierta han pasado muchos hermanos nuestros, algunos con una opción difícil de explicar.
Fue un verdadero desafío al cual debía responder o dentro o fuera de la Compañía. Con Luis Totera amigo y hermano hicimos discernimiento y la conclusión: “nos quedamos”.  Sufrimos la salida de los sacerdotes.


La vida en misión:

5. ¿Cómo definiría su estilo de trabajo? Si tuviera que elegir algunos baluartes en su vida, ¿cuáles serían?
Según G. Nadal el estilo de San Ignacio era “contemplativos en acción”, según el modo de la contemplación para alcanzar amor  [EE 230-237]. Dediqué muchos esfuerzos por comprender e integrar en mi vida el sentido de la “contemplación” como disposición integral para la relación personal con el Verbo Encarnado y el Espíritu Santo que nos habita… y de allí a toda la dinámica pastoral. (NB. La mística cristiana es el tema de mis lecturas hace cinco años.)
El baluarte que más define mi estilo es la “predicación de la palabra” que asumí como un don particular. He ordenado en cuatro carpetas con tarjetas de fichas los puntos de mis homilías dominicales (1996-2004), preparación cálida de la “palabra”, fruto de la contemplación.
6. ¿Qué han significado los compañeros, los amigos y amigas para su vida? ¿Cómo ha experimentado el compañerismo, la amistad?
He anotado en el ítem 3 lo que ha sido siempre mi relación con los jóvenes… he sufrido sus crisis y sus desorientaciones en estos últimos 50 años de convivir con ellos, por eso aprendí a tocar guitarra, organizar campamentos, atenderlos en sus problemas humanos y espirituales… etc., todo lo cual ha significado una total entrega y un gozo interior por los frutos obtenidos, el afecto personal ofrecido ha sido plenamente correspondido con demostraciones reiteradas de respeto, cariño y de sincera amistad.
La relación con mis hermanos jesuitas no es fácil de clasificar con adjetivos, la actitud fundamental ha sido y sigue siendo el respeto, la colaboración, una convivencia en la cual ninguno provoque malestar, desconfianza, desinterés o frialdad afectiva, aunque haya diferencias en algunas ideas. Recuerdo como un don del Señor la amistad con Luis, no hubo otra igual. Vivió sus últimos años en la comunidad donde yo fuera superior y lo asistí en su muerte.
En lo referente a la amistad, relación con “las jóvenes” se debe entender como lo dicho en el ítem 6.
No faltaron en mi vida de sacerdote algunas amistades femeninas que pusieron a prueba mi condición de célibe. En las personales crisis afectivas tuve que luchar para ubicarme yo mismo y la amistad insistente de la mujer con oración, con austeridad, con claridad… la mujer con frecuencia va más allá del respeto, la admiración sobre todo si se trata de un clérigo joven, etc. NB confieso que en algunos casos he sido un poco ingenuo y condescendiente.
Hoy disfruto de la amistad madura de una persona que me ayuda y me quiere con inteligencia y delicadeza.
7. ¿Qué significa la Compañía de Jesús para la Iglesia actualmente?  ¿Qué esperanzas y temores lo acompañan a esta altura de su vida con respecto a la realidad que vivimos?
A esto yo respondería con el párrafo 9 del decreto 1 de la congregación General 35. Temor, preocupación permanente para mí es el “laicismo” como una ausencia, prescindencia de lo trascendente en todos sus ámbitos de la vida humana. Los nuevos “ídolos” que sustituyen al Dios de la revelación son cada vez más poderosos. Para ofrecer una existencia cada vez más fascinante, más superficial, más sin sentido, sin verdaderos valores. El laicismo –que no es ateismo- ha sido uno de mis temas preferidos en la predicación y las clases en la UCC.
Temo además que en la formación de mis hermanos SJ no se alcancen los grados altos de la contemplación y de la unión personal con Dios Padre y el Verbo Encarnado en el Santo Espíritu. NB A esto nos ayudaría la lectura de los místicos.

La vida en el Espíritu:

8. ¿Quién es Jesús para ud? ¿Cómo ha experimentado en su vida el Reino que Él anuncia?
La adhesión y el amor al Verbo Encarnado comenzó a ser preocupante, urgente y fascinante cuando en la 2da semana de los Ejercicios Espirituales pedí a Dios Padre “conocimiento interno” del Señor… [104] entusiasmo que se me ha renovado año a año hasta el presente (Cf. Mis apuntes de EE).
Durante  el teologado leí gran parte de los libros sobre “Jesús, su persona y su mensaje” y el carácter sacerdotal del Hijo de Dios es lo que particularmente me ayudó a comprender mi entrega y responsabilidad por el Reino, conforme a la meditación de las dos Banderas de San Ignacio  [136-147]. La adhesión parte del amor de su Palabra, de allí al amor de la Celebración Eucarística, de allí al amor de la cruz, de allí el ejercicio de la contemplación del misterio salvífico como lo proclama Pablo en Ef. 1, 3-10.
Mi experiencia puede definirse con el servicio permanente y la mediación sacerdotal a partir del impacto que me producen los acontecimientos nefastos del mundo actual, de las crisis de la Iglesia, de los cristianos o el desprestigio de la SJ. NB. Rezo y sufro leyendo el periódico cada día.
9. Mirando hacia atrás ¿Cuál podría decir que es el núcleo de nuestra espiritualidad para usted? ¿Qué significan los EE para ud., cómo los ha vivido a lo largo de los años?
En este punto aprendí mucho de Arrupe cuando escribió sobre el núcleo de nuestra espiritualidad el “sensus societatis” que es una concreción ignaciana del “sensus Christi” al que aspira todo jesuita que, por hipótesis, tiende a identificarse con Cristo, sobre todo a través de su profunda experiencia cristológica que son los EE (Cf. El modo nuestro de proceder, Nº 15). Con sabiduría la SJ exhorta (obliga) a todos los jesuitas dedicar los ocho días anuales a renovar la adhesión y entrega a Cristo y la Iglesia en el silencioso e íntimo diálogo consigo y con el Rey y Señor. Volviendo al comienzo de mi historia quiero dar gracias al Espíritu Santo por haberme concedido la inmerecida gracia  de haber dejado el Seminario para integrarme en la comunidad de la SJ que me acompañó en este itinerario con sabiduría, austeridad y profundidad.
La verdad y el valor de la SJ es la seriedad y eficacia del plan humano y de santidad que propone, contando con la personalidad subyugante del Maestro Ignacio, la síntesis ascética y mística de los EE y el encuentro gozoso con Jesucristo muerto y resucitado, el amigo incondicional, el jefe victorioso, el Dios Soberano plenitud de nuestra vida temporal y el Señor (kayrós) que nos espera en el reino Celestial [95]- NB. Nada tengo que reprochar al Seminario, fueron siete años felices.
10. ¿Qué le diría a alguien que quiere ser jesuita?
Todo lo aquí escrito no expresa la totalidad de lo que el Espíritu Santo realiza en lo más íntimo de nuestro ser personal donde Él está.
Si una persona normal y sincera deplora la figura distorsionada del hombre de nuestro mundo actual, ese sentimiento, como voz interior, puede ser el toque del Espíritu Santo, para buscar un ámbito donde pueda encontrar el “sentido de la vida”. La experiencia de Iñigo sigue siendo modelo de lo que Dios puede y quiere hacer con y de nosotros. Así fui llamado yo el 4 de junio de 1944, fiesta de la Santísima Trinidad.
Hay que tener en cuenta que no pocas veces el Espíritu Santo irrumpe como un vendaval en nuestros deseos, incertidumbres, desesperanzas y amores.
Yo le preguntaría si está dispuesto a dedicar su vida al servicio de los prójimos, a ese hombre desquiciado en cualquier parte del mundo por amar  y servir a Jesucristo  [94]. La Compañía lo prepararía para tan noble plan de vida.
Con sencillez y sinceridad he escrito “algunos” de los acontecimientos –que yo llamo salvíficos- en los que yo he sentido la presencia del Espíritu Santo que por pura gracia divina llamó a este adolescente (19 años) tan insignificante e imperfecto para hacerlo apóstol de Cristo en su Reino.
Me pareció una interesante propuesta para descubrir la misteriosa acción del Espíritu Santo en la vida de algunos jesuitas que estamos todavía (86 años) peregrinando con Ignacio para “facer” los grandes proyectos que nos propone el Rey y Señor y la Santa Madre Iglesia.
Espero haber satisfecho lo que se pedía.
Muchas gracias por haberme elegido para redactar esta “anámnesis” de acción de gracias.

C. A. Carranza.

1 comentario:

  1. Hola, tuve la oportunidad de conocer y vivir con Carlos en Bélgica en la comunidad de "Le Chameau" en Bruselas en 1976. Tenía 16 años y había abandonado a Mis padres que vivían en España. Es una extraordinaria bondad humana y escuchando. 35 años después advirtió a los recuerdos de emociones. Me alegra saber que todavía entre nosotros con su filosofía de vida legendaria y su estado de ánimo hermoso. Si alguien lo sabe o está en contacto con él sería hermoso transmitirle mi contacto: antoineinbox@gmail.com

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